
El suelo: un mundo vivo que sostiene todo
En Uruguay a veces miramos la tierra como si fuera solo “tierra”, pero ahí abajo hay un mundo entero trabajando. Lombrices, hongos, bacterias, nematodos y otros bichitos mantienen la fertilidad del suelo sin que nos demos cuenta. Ellos airean, descomponen, reciclan nutrientes y ayudan a que las raíces crezcan sanas.
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Un suelo lleno de capas que cuentan historias
El suelo tiene capas, como un alfajor criollo. Arriba está la capa superficial, rica en restos vegetales y materia orgánica. Más abajo aparece la capa arable, esa tierra oscura y fértil donde vive la mayor parte de la vida del suelo.
Luego viene el subsuelo, con minerales y materiales en formación, y finalmente la roca madre, que da origen a todo el perfil. Cada capa cumple un rol clave para que las plantas crezcan y el campo produzca.
El suelo es vida, y esa vida es la que le da fertilidad
Las características de un suelo productivo
Un suelo productivo no es solo “bueno”: es equilibrado. Para funcionar bien necesita:
- Materia orgánica: el corazón del suelo. Aporta nutrientes, retiene agua y alimenta a los microorganismos.
- Buena estructura: grumos firmes pero esponjosos, que permiten el paso del agua y el crecimiento de las raíces.
- Alta actividad biológica: lombrices, hongos, bacterias y otros organismos que mantienen la tierra viva.
- pH estable: ni muy ácido ni muy alcalino, para que los nutrientes estén disponibles.
- Drenaje equilibrado: retiene agua sin encharcarse ni secarse en exceso.
- Profundidad útil: raíces que avanzan sin chocar con capas compactadas.
Cuando estas condiciones se alinean, el suelo responde: sostiene cultivos sanos, resiste mejor las sequías y se degrada menos.
Qué pasa cuando maltratamos la tierra
El arado excesivo, la falta de descansos, el uso indiscriminado de pesticidas y la ausencia de materia orgánica rompen el equilibrio natural del suelo.
Al principio el suelo parece suelto, pero luego se compacta, pierde aire y se erosiona. La capa más fértil se pierde con el viento y la lluvia.
Sin vida biológica, no hay quien renueve nutrientes ni proteja las raíces. El suelo se vuelve rígido y pobre, como un mate lavado. Las plantas crecen débiles y dependen cada vez más de insumos externos, creando un círculo vicioso costoso y agotador.
Cuidar el suelo es cuidar lo que somos
El suelo es vida, y esa vida es la que le da fertilidad.
Si lo cuidamos, nos devuelve producción, estabilidad y futuro.
Si lo castigamos, tarde o temprano lo perdemos.
Cuidar la tierra es cuidar la comida, el país y la identidad de un Uruguay que siempre dependió de lo que brota del suelo.
Entender el suelo es el primer paso para producir mejor y vivir de forma más consciente.
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