
Conocer el suelo antes de empezar una actividad en chacra
Antes de meter maquinaria o sembrar, hay algo que nunca falla: abrir varias calicatas en la chacra. Es una práctica sencilla pero muy valiosa, porque nos permite ver cómo está el suelo realmente: su profundidad, estructura, humedad, color y raíces.
No todos los suelos son iguales, y muchas veces, en una misma hectárea pueden convivir varios tipos distintos. Lo que sirve en una parte, puede no rendir igual en otra. Por eso, el primer paso antes de planificar cualquier trabajo en la chacra, es mirar hacia abajo.
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La calicata, una radiografía de la tierra
La calicata es como una ventana al corazón del suelo. Nos muestra si hay compactación, si el drenaje es bueno o si falta materia orgánica. A partir de ahí, se puede decidir mejor: qué tipo de laboreo conviene, si hace falta incorporar abono, o si es mejor dejar descansar una zona con cobertura vegetal.
En resumen, una buena observación ahorra plata, tiempo y errores.
Las malezas no aparecen por capricho, dicen mucho de cómo está la tierra
Las malezas también hablan
Aunque muchos las vean como enemigas, las malezas cuentan mucho sobre el suelo. Su tipo, densidad y vigor indican si el terreno está ácido, compacto o con exceso de nitrógeno. Por ejemplo, si predominan ciertas especies de hoja ancha o de raíces profundas, puede ser señal de que el suelo necesita airearse o corregirse.
Por eso, el diagnóstico no se hace solo con una pala, también con los ojos bien abiertos.
Observar lo que crece espontáneamente es parte del conocimiento que se construye en el día a día del campo.
En resumen
El diagnóstico del suelo, ya sea por calicata o por observación de las malezas, es fundamental para cuidar la tierra y planificar mejor. Porque como dicen los viejos productores “El suelo habla, pero hay que saber escucharlo”.
Los horizontes principales son O (orgánico), A (capa superficial), B (subsuelo), C (roca madre ligeramente meteorizada) y R (Roca madre no alterada)








